Iconografía Mexicana XIII. Dioses y héroes,
Beatriz Barba Ahuatzin, coordinadora
Secretaría de Cultura/INAH/, Colección Interdisciplinaria. Serie enlace.
México, 2017-07-03 ISBN: 978-607-484-884-7
 
Como ya es costumbre, las ponencias presentadas en las Jornadas Académicas del Seminario Permanente de Iconografía se ponen a disposición del público en forma de libro, esta vez con Iconografía Mexicana XIII. Dioses y héroes, coordinado por Beatriz Barba Ahuatzin, que reúne el trabajo de siete investigadores que profundizan, con claridad y rigor académico pero en un lenguaje sencillo, en el simbolismo iconográfico de personajes o mitos de diversas culturas.
 
En este volumen se analizan múltiples y contrastadas imágenes de los dioses y los héroes que han inspirado la expresión artística e histórica de muchos pueblos. A través de esta revisión queda descubierta la naturaleza de los dioses: seres omnipotentes, omniscientes e incorpóreos, que ayudan a las personas en sus trances más difíciles, aunque no siempre estén dispuestos a ser parte de una sociedad y a veces no les guste lo que los individuos deciden. Por su parte, héroes y heroínas se revelan como seres con capacidades sobrehumanas que les posibilitan hazañas que rara vez pueden realizar otros mortales y que por lo regular salvan vidas y sociedades.
 
Son siete capítulos que abordan temas diversos, el capítulo uno "Dioses y héroes mitológicos del hinduismo", de Agripina García-Díaz, se ocupa del festival religioso Diwali, de los preparativos, de la euforia popular y de los personajes míticos que juegan en esta antigua tradición.
 
Enseguida se encuentra el ensayo “El Moisés de Frida Kahlo y el mito del héroe”, de María Eugenia Fragozo González, de la Universidad de Salamanca, quien hace un análisis de la obra Moisés que la pintora mexicana realizó con base en la lectura del ensayo Moisés y la religión monoteísta de Sigmund Freud. Con este texto, la investigadora Fragozo González, que tiene un pensamiento menos mesoamericanista, brinda al lector la posibilidad de repensar acerca de las opiniones de muchos autores del pasado y del presente. 
 
El tercer capítulo está dedicado a la “Iconografía de la diosa como arquetipo universal”, de María del Rosario Ramírez Martínez quien nos habla de las características del arte prehistórico de diferentes culturas -Francia, México, Turquía, valle del Indo- y resalta las características de las figurillas llamadas "Venus".
 
Beatriz Barba Ahuatzin, coordinadora de este libro, publica en el capítulo cuatro un trabajo sobre los dioses viejos, cuya característica fundamental es que son los demiurgos del tiempo y la cultura. Recordemos que la palabra "demiurgo" significa que, sin ser dioses creadores, son deidades de segundo orden que crean y organizan lo que los dioses creadores no dejaron preciso.
 
Enseguida Noemí Castillo Tejero escribe "Representación de Macuilxóchitl en sahumadores de Tehuacán, Puebla". Texto en el que analiza figuras y representaciones de los dioses en esas esculturas.
 
El capítulo sexto, a cargo de  Luis Arturo Sánchez Domínguez aborda "Algunos ejemplos de la iconografía hercúlea en España y México", y presenta una visión del mestizaje cultural México-España, aprovechando la figura de Hércules. 
 
"De Changó a Santa Bárbara. Ejemplo de sincretismo en la santería cubana", es el capítulo siete, en el que América Malbrán escribe sobre el sincretismo que caracteriza a las religiones africanas sometidas por los europeos, en este caso Changó, una deidad del vudú prohibida y perseguida por los españoles, de tal manera que los católicos lo sustituyen por la figura de Santa Bárbara, y así, un dios masculino representado por un hacha doble modifica su fisionomía convirtiéndose en una virgen católica, que asume su personalidad. 
 
El lector se encontrará con referencias a la mitología y la antigua realidad de culturas como la egipcia, mesopotámica, hindú, cubana, española, persa, mesoamericana y otras más, que representan a sus principales deidades y héroes a semejanza de los hombres y realizando las más variadas tareas con el objetivo de salvar a las sociedades humanas de sus problemas económicos, bélicos, familiares, religiosos, políticos o amorosos.
 
Iconografía Mexicana XIII. Dioses y héroes está disponible en las tiendas del INAH (http://inah.gob.mx/es/academia/tiendas-inah) y librerías Educal (www.educal.com.mx).
 

La realeza sagrada en México (siglos XVI-XXI)

Danièle Dehouve

Secretaria de Cultura/INAH, Colección Investigaciones

México 2016, 355 pp

ISBN: 978-607-484-792-5

La realeza sagrada es una forma de poder y de sociedad muy difundida a lo largo del tiempo y el espacio. México ha conocido este sistema en la época de los mexicas y los mayas, pero se considera generalmente que el periodo colonial abrió para las sociedades autóctonas un proceso acelerado de secularización.

 

Contrariamente a lo que se cree, el libro La realeza sagrada en México (siglos XVI-XXI), de Danièle Dehouve, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, sostiene que el sistema de realeza sagrada no desapareció con la conquista española, sino que se mantiene vigente hasta la fecha en ciertas sociedades. “La encuesta recorre los siglos, empezando por una descripción del poder sagrado de los mexicas y prosiguiendo con el estudio de los mecanismos de supervivencia de este sistema en la época colonial y en las comunidades indígenas contemporáneas.” 

 

El poder sagrado, escribe la autora, que uno hubiera podido pensar vulnerable ante los ataques del Estado moderno, manifiesta una capacidad de adaptación cuyos mecanismos es preciso elucidar. Representa un modo de vincular lo

político y lo religioso especialmente eficaz y perdurable, porque no se instrumenta únicamente en el seno del gobierno, sino en la totalidad del cuerpo social. Por tanto, el caso mexicano ofrece un modelo de secularización alternativo al modelo clásico basado en la división de poderes entre el Estado y la Iglesia.”

 

El libro empieza por la crítica de las teorías sobre la organización social indígena y señalar, en particular,  “errores teóricos” que culminaron en el modelo de las ‘jerarquías de cargos’. En el capítulo 2 se presentan las principales teorías antropológicas de la realeza sagrada. Los apartados siguientes (caps. 3 al 7) ofrecen una descripción del funcionamiento de la realeza sagrada entre los mexicas, y terminan con una síntesis de sus características. Este modelo es el que se sigue a lo largo del periodo colonial y es abordado en el capítulo 8. Los últimos capítulos (9 al 11) muestran que las comunidades indígenas contemporáneas conservan un núcleo compuesta de gobernantes dotados de funciones rituales, que sus mayordomías y otros grupos periféricos replican la estructura del grupo central y que las ceremonias de entronización repiten el protocolo ritual prehispánico.

 

 

En general, este libro trata de la “cosmopolítica”, término que proviene de trabajos de otros investigadores que destacan la relación entre el poder y las cosmologías. “Un grupo local piensa que debe su existencia a sus autoridades, que cumplen funciones a la vez políticas y rituales. En su centro, un personaje (o conjunto de personajes) conjuga el poder y las atribuciones sagradas”, concluye la investigadora.

 

La realeza sagrada en México (siglos XVI-XXI), de Danièle Dehouve está disponible en las tiendas del INAH (www.inah.gob.mx/es/academia/tiendas-inah) y librerías Educal (www.educal.com.mx).

 

 

 

Edita el INAH antología para "viajar" por los infiernos novohispanos
 
Por las sendas del temor. Una antología para viajar por los infiernos novohispanos
María Concepción Lugo Olín,
Secretaría de Cultura/INAH, colección Historia, serie Sumaria, 
México 2016, 539 pp.
ISBN: 978-607-484-781-9
 
 
Tras el arribo de Cortés y sus hombres fueron llegando a México distintas congregaciones evangelizadoras 
cuyos integrantes, al encontrarse con un mundo totalmente distinto, y con creencias, ritos y celebraciones 
religiosas tan diferentes a los suyos, sólo pudieron explicarse tales actividades "paganas" y politeístas para 
adorar dioses zoomorfos argumentado la presencia del demonio en estas tierras tan lejanas de la Europa 
Católica.
 
Sobre éste y otros temas gira el libro Por las sendas del temor. Una antología para viajar por los infiernos 
novohispanos, de María Concepción Lugo Olín, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia 
(INAH), que reúne relatos escritos  por clérigos y miembros de distintas congregaciones entre los siglos XVI 
y XVII. "De ellos surgieron diferentes visiones sobre el infierno que formaron parte importante de la 
mentalidad y el imaginario novohispano", afirma la autora.
 
En esta obra se narra cómo esos clérigos y cronistas, herederos del "saber" medieval, concibieron la 
conquista militar y la espiritual como una lucha tenaz y cotidiana entre el bien, "representado por  los 
religiosos, portadores de la luz de la palabra divina", y el mal, encarnado por el demonio, quien mediante 
engaños, mentiras, falacias y otras artimañas había mantenido a los aborígenes sumergidos por largo tiempo 
en las tinieblas de la idolatría y alejados de los caminos de Dios. 
 
"En las crónicas -explica la autora-, los testimonios de la presencia de Satanás y su corte son múltiples y 
todos ellos identifican su poder y su culto con la idolatría de los naturales. Hay largas y elocuentes 
descripciones de ídolos de aspecto por demás monstruoso con los que los aborígenes representaban a sus 
dioses, otras más en torno a las construcciones monumentales, templos o casas de sus dioses, así como la de 
los sangrientos sacrificios humanos y otras prácticas rituales que, según los religiosos, Satanás demandaba 
como muestra de adoración y de lealtad; a juicio de los escritores (cuyos textos se incluyen en este libro), todo ello es testimonio más que suficiente para confirmar la presencia del culto diabólico, en especial el que los naturales rendían a Lucifer bajo la advocación de Huitzilopochtli."
 
La explicación que dieron los cronistas sobre la presunta intervención diabólica en las creencias prehispánicas fue una manera de justificar la violencia ejercida durante la conquista y la evangelización, así como de exaltar el éxito del cristianismo sobre las religiones indígenas. "El triunfo del bien en esa lucha, además de permitir a la Corona española aumentar el número de sus vasallos, haría posible arrancar de las garras de Satanás a un buen número de almas para engrosar las filas de creyentes, fieles a la Iglesia, y de esta forma consolidar la unidad en la que por siglos se había cimentado el poder eclesiástico", explica Lugo Olín. 
 
Esta antología se divide en dos secciones: "El infierno en catecismos y crónicas religiosas de la conquista espiritual", y "El infierno en los exempla y en los libros de meditación", en las que se pueden encontrar desde descripciones del origen, aspecto y ubicación de los infiernos, hasta los castigos que recibían los 
condenados, y un texto titulado "Para vencer a Satanás: los medios de salvación", entre otras crónicas sobre el pecado y sus consecuencias.
 
Disponible en las tiendas del INAH (www.inah.gob.mx/es/academia/tiendas-inah) y librerías Educal.

Rudolf Zabel fue un etnólogo, periodista y viajero alemán que, a principios del siglo XX, decidió visitar “un pueblo lejano, inhóspito y difícil” y entre todas las culturas del mundo escogió a los ralámuli pues pensó que vivir como vivían ellos, en esas gigantescas montañas con enormes desfiladeros, implicaba una personalidad muy singular: la de aquellos "indios errantes, que blanden el hacha de guerra, [ ... l gente vigorosa, dura e introvertida: Tienen casas pero no las habitan; todo sucede alrededor de la fogata”.

De ese viaje de observación surge un interesante documento fílmico y bibliográfico que, a cien años de su aparición sigue despertando interés entre especialistas, estudiantes y público interesado: “El pueblo furtivo. Vivencias de un explorador junto a la fogata y ante las cuevas del pueblo original de los indios tarahumaras. De Rudolf Zabel”, en una traducción de Stephanie Cruz de Echeverría Foebell y Gabriela Marina Fenner Sánchez, es el título del libro que recientemente editó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, bajo el sello de la Serie Testimonios.

La obra de Zabel es más bien un libro de aventuras, abierto, sincero y en ocasiones hasta descarado. Como digno interlocutor de su época, no escatima en sus anécdotas ni en sus opiniones, muchas de ellas no del todo favorecedoras para los ralámuli. El texto se complementa con un interesante material fílmico de hace casi cien años. “La filmación que se presenta es muy valiosa, ya que después de las fotografías del viajero y autor del libro El México desconocido, Carl S. Lumholtz (1890 a 1910), es el registro de imágenes más antiguo sobre los tarahumaras”, señala la investigadora Ana Paula Pintado en la presentación de este ejemplar.

Aunque pequeño por su extensión, es un documento trascendental tanto para la antropología como para la historia. En él aprenderemos cómo era la vida en la Sierra Tarahumara en los inicios del siglo pasado, como pensaban los exploradores de esa época en relación con los indígenas, y por supuesto cómo vivían los ralámuli. Descubriremos qué ocurre cuando un viajero decimonónico se adentra en un lugar remoto y desconocido, donde lo imprevisto se convierte en lo cotidiano.

 

El 16 de septiembre de 1897, un poco después de las 10 am y durante las celebraciones de la Independencia de México, el presidente Porfirio Díaz sufrió un atentado mientras desfilaba por la Alameda: fue atacado por un “borrachín” de nombre Arnulfo Arroyo que de inmediato fue detenido y, ante la demanda de muerte que clamaba la multitud, el mismo Díaz dio ordenó que lo llevaran a un lugar seguro y sin hacerle ningún daño. Sin embargo, misteriosamente, Arroyo fue asesinado en la cárcel de Belem y el caso se volvió un escándalo público, pues en el “linchamiento” de Arroyo estaban implicados dos mandos prominentes de la policía capitalina: Miguel Cabrera y Antonio Villavicencio.

Este es sólo alguno de los pasajes que se pueden encontrar en el libro El caso Villavicencio. Violencia y poder en el Porfiriato de Jacinto Barrera Bassols y editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en la Serie Enlace, de la Colección Historia.

Antonio Villavicencio nació en Veracruz en 1861. Creció entre los torcedores de tabaco y los salones de baile de aquel puerto y emigró a la Ciudad de México para cumplir un sueño: ser cantante de opereta en los teatros de la capital. Pero ante una carrera sin futuro no dudó en cambiar los tablados por un modesto puesto en la policía capitalina, que fue donde se hizo famoso al verse involucrado en el ya mencionado caso Arroyo, provocando que Villavicencio ingresara a la Cárcel de Belén, en 1897, en calidad de condenado a muerte. Sin embargo cinco años después salió de la misma para integrarse nuevamente a los aparatos policíacos citadinos.

A partir de la reconstrucción de la trayectoria de este oscuro personaje, que se convirtió en el más conspicuo de los esbirros del régimen porfirista, que gustaba de publicitarse bajo el lema de "Orden y Progreso", el historiador Jacinto Barrera Bassols nos lleva a recorrer los sótanos de la sociedad porfiriana, donde se entrelazan violencia y política, y asistir así a los orígenes de una de las claves del Estado mexicano moderno: la violencia ejercida en contra de la sociedad por el más avasallador de sus poderes: el ejecutivo, a través del uso discrecional de los aparatos policíacos.

Barrera Bassol describe, entre otros oscuros temas, un cuerpo de policía corrupto y desacreditado, al que la sociedad se negaba a reconocerle autoridad alguna, incluso se le consideraba “como enemigo” al que se le agredía e insultaba. “Los aspirantes a gendarme tenían que dar una fianza por el arma y la vestimenta que se les asignaba, y en cuanto podían desertaban a causa de los malos salarios, de las cuotas que debían entregar a sus superiores, y de las exacciones –so pretexto de aportaciones para el Banco de la Policía, El Hospital para el Policía, el órgano de la Policía, etcétera-; sumas que provenían del bolsillo de quienes caían en sus manos, del reparto de los objetos robados recuperados y otras formas de extorsión”.

Villavicencio, aunque personaje central de esta Historia, es sólo el pretexto para dar cuenta de la injusticia social, la represión, la corrupción y el abuso del poder, que se vivía antes, durante y después de la Revolución, ya que el libro abarca desde los años en que Villavicencio se integró al cuerpo de policía (1892) hasta el “indefinido día de la década de los veinte en que murió”, momento en el que todo seguía igual, ya que a pesar de ciertas modificaciones en las “oligarquías regionales que detentaban y articulaban poderes territoriales, mercantiles, financieros y políticos” las practicas de corrupción dentro del cuerpo de policía al que perteneció Villavicencio “no se vieron modificadas por la irrupción revolucionaria”.

Así, la historia del hombre que nació entre torcedores de tabaco, creció entre salones de baile en el Puerto de Veracruz y quiso ser cantante de opereta en la Ciudad de México, pero acabó siendo uno de los principales representantes de la represión policial, se convierte en un interesante referente de lo que era “la vida subterránea” de la sociedad porfiriana donde se entrelazan violencia, política y poder.

 

Hilarión Frías y Soto, fue un médico, político, periodista y escritor que luchó en las Guerras de Reforma y de Intervención a favor de los liberales. Nació en Querétaro, Querétaro, en 1831 y murió en la Ciudad de México en 1905. Fue secretario de gobierno de Querétaro y diputado en el Congreso de la Unión. Colaboró en El Siglo Diez y Nueve, La Orquesta, donde apareció Vulcano en 1862 y Álbum fotográfico en 1868, también publicó en El Monitor Republicano y El Diario del Hogar.

En 1904 publicó una serie de escritos que pretendían refutar las afirmaciones hechas por el ingeniero Bulnes en contra de Benito Juárez, y en las que buscó enaltecer la virtudes del Benemérito, se trata del texto Juárez Glorificado y la Intervención y el Imperio ante la verdad histórica, refutando con documentos la obra del señor Francisco Bulnes intitulada El verdadero Juárez.

En el libro Andanzas de un liberal queretano. Hilarión Frías y Soto, que será presentado el viernes 24 de febrero, a las 16:00 horas, en el marco de la 38 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (Tacuba 5, Col. Centro, Ciudad de México), la autora Beatriz Lucía Cano Sánchez analiza la figura de este personaje poco conocido pero destacado dentro del debate público. Además de notable literato, se dedicó a la docencia, la política y la historiografía, actividades con las que ganó cierto renombre. Sin embargo, por haber sido contemporáneo de grandes personalidades como Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio y otros, los reflectores de la crítica se centran poco en su figura.

Su legado incluye traducciones, artículos periodísticos, obras históricas y literarias. Participó también en las lides políticas: en su tierra natal ocupó diversos cargos públicos y fue diputado federal en varias ocasiones. Hizo todo lo posible por figurar en los primeros planos; intentó -sin éxito- que se aprobara la ley del divorcio o que sus novelas, que discutían la realidad social de forma indirecta, se convirtieran en referentes sociales. Su “verbo fogoso y tajante” se ponía de manifiesto en opiniones “sinceras” pero “radicales”. Aunque, ha sido poco reconocido como historiador, debe ser considerado uno de los iniciadores del mito liberal sobre la guerra de Intervención francesa y el Imperio. Su vida lo demuestra como un férreo pensador liberal que participo en la configuración de la nación, ya fuera desde la trinchera política, en las páginas de algún periódico o llegando incluso hasta tomar las armas.

 

 

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